
El anciano llega a su cuarto. El tráfico, un accidente inesperado del colectivo, la confusión, fueron todos elementos para que tardará mas de lo acostumbrado en el camino a su casa. Esta agitado. Se desnuda con premura, con la urgencia de quien acude a un momento crucial. Su estomago se queja del hambre. Hoy no, le dice a sus tripas convulsionadas, debo dormir. Ya van a dar las cuatro de la tarde. Siente taquicardia. Faltan algunos segundos mientras se recuesta en la cama. Sabe que si no cumple con la rutina se acabará el mundo. Cierra los parpados, su mente empieza a dispersarse en el sopor. Suena el timbre de la casa. El hombre recostado pierde el sueño. Derrotado, abre los ojos esperando lo peor.

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