
El vidente se bajará del auto. Caminará a su puerta. Entrará a la sala, cansado como siempre, después de un día de trabajo en la oficina de sucesos futuros y profecías de interés público. Subirá las escaleras. Pensará: si no fuera porque un puesto en el gobierno paga tan bien…, no completará la frase. Se reprochará mientras prende el televisor de su cuarto: llenar formularios todo el día con la supuesta descripción detallada de los hechos a ocurrir, aún cuando solamente tengo una vaga imagen, ¡si supieran que últimamente lo invento casi todo! Se quejará porque todas las noticias de la noche ya las sabía.
Entrará al baño. Verá al hombre que le apunta con una pistola. ¡Hay personas de quienes no debes hacer profecías, cabrón!, dirá el asesino. Me sé de memoria la lista de los impredecibles, yo no documento ninguna información censurada. Pues no es lo que dice el reporte. Deben de haberme confundido con mi compañero de cubículo, suplicará la víctima aún sabiendo que nada puede hacerse. Recibirá el balazo. En su auto el vidente regresa al presente. Se baja del vehiculo. Está conciente de que no puede cambiar nada, ¡pinche burocracia!, dice derrotado justo antes de la puerta.
Entrará al baño. Verá al hombre que le apunta con una pistola. ¡Hay personas de quienes no debes hacer profecías, cabrón!, dirá el asesino. Me sé de memoria la lista de los impredecibles, yo no documento ninguna información censurada. Pues no es lo que dice el reporte. Deben de haberme confundido con mi compañero de cubículo, suplicará la víctima aún sabiendo que nada puede hacerse. Recibirá el balazo. En su auto el vidente regresa al presente. Se baja del vehiculo. Está conciente de que no puede cambiar nada, ¡pinche burocracia!, dice derrotado justo antes de la puerta.

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